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CAÍDAS Y LESIONES POR EL MAL ESTADO DE LAS ACERAS: OTRO SUPUESTO EN EL QUE DE DICTAN SENTENCIAS CON LA FÓRMULA “CORTA Y PEGA”

CAÍDAS Y LESIONES POR EL MAL ESTADO DE LAS ACERAS: OTRO SUPUESTO EN EL QUE DE DICTAN SENTENCIAS CON LA FÓRMULA “CORTA Y PEGA”

Las crisis económicas incrementan en número de demandas contra la administración por lesiones padecidas como consecuencia de caídas de personas en las aceras, por culpa del mal estado de las mismas. Las administraciones locales (Ayuntamientos) tienen la obligación legal de mantener y conservar en buen estado las aceras urbanas por las que transitan los ciudadanos.

Pero este deber legal, se suaviza en épocas de incremento de demandas judiciales, y surge una novedosa tendencia en los juzgados de primera instancia de lo contencioso administrativo, a responsabilizar al propio peatón de su caída, cuando el desperfecto con el que tropieza y cae, es “visible y evitable”. Hay que contrarrestar esa picaresca ciudadana que hace que en épocas de crisis, las personas se caigan más y reclamen a los Ayuntamientos por las lesiones que puedan padecer para aliviar sus maltrechas economías domésticas. Así, lo que antes de la crisis era una cuestión de demostrar la causalidad entre el desperfecto y la caída accidental, ahora esa relación “causa-efecto” se ve truncada por la “torpeza” del peatón. La responsabilidad de las caídas, ha pasado del “socavón” a la “torpeza” de quien camina sin mirar por dónde anda. Este es el criterio jurisprudencial que nos encontramos en algunos juzgados, que ya no se molestan en examinar la prueba practicada sobre las circunstancias del accidente, porque tienen una especie de modelo de sentencia para caídas en aceras con desperfectos, cuyo fundamento se basa en la simple premisa de que – si el desperfecto era visible y evitable, la responsabilidad del accidente es del peatón -, sin más consideraciones.

Esta tendencia de los juzgados de instancia, nacida de la necesidad de contrarrestar el aluvión de demandas en épocas de crisis, no tiene refrendo jurisprudencial en los tribunales superiores y desde luego, no puede ser aplicada sin tener en cuenta factores adicionales como: (i) la entidad del desperfecto, ya que el socavón o desconchado en la acera debe tener entidad suficiente como para provocar caídas; (ii) el tiempo que el desperfecto en la acera lleva sin ser reparado por los servicios de mantenimiento, ya que si es “visible” para el peatón, también lo es para los funcionarios encargados de su conservación y mantenimiento; y sobre todo, (ii) el número de veces que el “socavón” ha provocado caídas, ya que no es lo mismo que sólo haya provocado una aislada caída accidental o que han sido varias personas las que hayan tropezado en el mismo punto, ya que esto demuestra, además de la suficiente entidad del desperfecto, la dejadez del Ayuntamiento en el cumplimiento de sus obligaciones de mantenimiento cuando le consta que está provocando daños a sus ciudadanos, y no lo repara.

Así, el argumento que utilizan esas sentencias del “corta-pega”, conforme al cual, “si era visible y evitable, la culpa es del peatón por poco diligente al caminar (torpe)”, sin tomar en consideración las circunstancias antedichas, no es de ningún modo aceptable. Pero la tentación de usar formularios “tipo”, hace que se dicten sentencias sin hacer un examen de los hechos probados. Y es que las sentencias “corta-pega”, pese a ser una práctica indeseable, se están convirtiendo en algo habitual, porque permite despachar muchos asuntos, supuestamente similares, con poca dedicación.

Tengo un caso de una señora que tropieza con un socavón en Barcelona con 76 años. Hoy tiene ya 80 años de edad y acaba de recibir la sentencia que le dice que si se cayó fue por no mirar por donde andaba, ya que el desperfecto en la acera, era visible y evitable. La sentencia, pasa por alto que el socavón lleva años produciendo caídas, hecho que resulta probado por testigos y reconocido por el propio Ayuntamiento en la memoria del expediente administrativo de la obra llevada a cabo tras la caída de esta señora, para reparar el socavón en la acera. Es más, en dicha memoria, el Ayuntamiento justifica la obra de reparación de la acera, por la peligrosidad que representa para el paso de peatones, y reconoce tener constancia de varias caídas de personas en el punto que ha sido objeto de la obra de reparación. Pero da lo mismo, porque si era “visible y evitable”, la responsabilidad es del peatón, ya que no existe causalidad entre el socavón y la caída. Lamentable.

Y me diréis que recurra en apelación. Cierto, lo voy a hacer. Pero llegado el caso de que pasen cuatro años hasta la obtención de una sentencia revocatoria (espero), y que mi cliente ya no esté en este mundo para leerla, el estamento judicial me permitirá que remita un escrito al Juzgado de Primera Instancia, recriminándole que una ciudadana haya tenido que irse de este mundo sin obtener una sentencia decente, por la indignante dejación y falta de competencia por parte de un juez/jueza al que le gusta dictar sentencias con la fórmula del “corta-pega”, sin tomarse la molestia de prestar atención a los hechos probados del caso.

Todos pagamos en nuestro trabajo los errores que cometemos, menos algunos privilegiados que simplemente se “equivocan”. Pero no hablamos de un error cualquiera, sino que hablamos de dejadez, pereza, falta de profesionalidad e incompetencia. Y no pasará nada, pero me quedaré muy a gusto si, llegado el caso, me permiten decírselo abiertamente al titular del Juzgado.

 

 

 

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